jueves, 24 de mayo de 2018

Disfrutamos haciendo colecho con nuestro bebé, durmiendo los tres juntos en la misma cama

Siempre supe que quería hacer colecho, aunque Sara lo descartaba totalmente. En un primer momento lo aceptó con la condición de comprar la cuna de colecho que se acople al lado de la cama, pero el bebé siempre en su camita.
- Me muero si le pasa algo y si nos dormimos profundamente y lo aplastamos! Decía!..
- Cómo vamos a aplastarlo? ¡Por Dios! Dormiremos pendientes de él!

Que si que no.. argumentos van y vienen, no llegabamos a un acuerdo. Pero en lo que sí concordamos es que dormiría en la misma habitación que nosotras al menos durante su primer año..

Yo le dije que teniendo la habitación tan grande, utilizasemos la cuna de la habitación que compramos para él desde el primer momento y la armásemos en la nuestra.
Para qué comprar una mini-cuna para sólo unos meses y tener la cuna en su habitación muerta de risa?? Si quería durmiese en su cuna, pues entonces que lo haga en la suya definitiva, con su buen colchón, edredón y deco que le habiamos comprado con tanta ilusión, y no en una de colecho provisional sin hacer colecho realmente.. que para mi es el dormir los tres en la misma cama. Consideré siempre sería lo más práctico y especial para los tres.

Desde el día que nació Joël durmió conmigo, durante las noches del hospital. Tras la cesárea, Sara estaba casi inmóvil y muy dolorida. Asi que yo le colocaba al bebé para comer y el resto del tiempo estaba conmigo, se quedaba dormidito en mis brazos. Siempre fué dejarlo en la cuna y que no durase ni 5 minutos.. buscaba el contacto estirando los bracitos y rompía en llanto al no sentir calorcito humano, asi que sólo en brazos él podía dormirse por horas... a la noche igual, lloraba las primeras noches en la cunita del hospital, era alzarlo y quedarse relajadito en mis brazos apoyado en mi pecho, suspirando tras su llanto. Así que como necesitabamos dormir y descansar, yo lo dejaba recostado en mi pecho y dormía con un ojo abierto y el otro cerrado pendiente de él. Cada vez se movía (y vaya si tenía espasmos las primeras noches) acto reflejo estaba en alerta, pendiente de él, de llevarlo con la otra mamá para que le diese teta, cambiarle el pañal y volver a abrazarle.
Sara le preguntó a varias de las enfermeras, estando en el hospital si era peligroso. Y una en especial le dijo: Tienes la suerte de tener a una mujer a tu lado, las mujeres tenemos instinto materno, quedate tranquila que no le va a pasar nada al bebé por dormir con su otra mamá, es su madre. Si tuvieses marido te diría que no! Que si el nene no se duerme, que el papá salga a dar una vuelta con él, que lo pasee en brazos pero jamás se duerma con él porque el hombre duerme y sólo duerme, nosotras dormimos alertas y tenemos un oído y un sentido siempre despierto para reaccionar de forma inmediata a la necesidad de nuestro hijo.
Eso calmó a Sara un poco.

Además he de decir que a mi me daba mucha paz y tranquilidad el tenerlo conmigo, pegadito a mí. No se las veces que me levantaba estando él en la cunita para ver si no había nada que le tocase la carita. Y me daba un miedo tremendo el que no respirase. Lo miraba y como no hacía sonido ni movimiento alguno, me daba pánico no respirase, recuerdo varias veces poner mi dedo a unos centímetros de su naricita para ver si largaba aire.. asi que estando conmigo pechito con pechito yo sentía su respiración, su calorcito.. y no paraba de darle besitos y mimitos en su cabecita, moviendo la mia lado a lado, acariciando su pelito con mis labios y cara, rodeandole con mis abrazos.

El colecho es algo maravilloso y algo por lo que estaba dispuesta a luchar.
Al llegar a casa Sara dijo que no! Que ibamos a probar a que duerma en su cuna. Que él tenía que descansar y no podía estar todo él dia en brazos. Necesitaba su espacio y tranquilidad!

La primer noche ya en casa, tras su toma y hacerle provechito, Sara paseaba por la habitación con el niño en brazos, era dejarlo en la cama y que rompiese en llanto... y Sara seguía dando vueltas, se volvia a quedar dormido, quería acostarlo y el sólo hecho de descenderlo unos centímetros,  acto seguido abría los ojos y empezaba a llorar.. increíble el "sensor" que tienen, no había manera de que se quedase. Yo la miraba sonriendo desde la cama!!!

Pasadas las dos de la mañana con cansancio acumulado y tras dar mil vueltas en la habitación tratando de engañarle, para ver si consigue acostarlo en la cuna... no pasaron ni dos minutos que volvió a llorar, intentó rodearlo con el cojín de lactancia, ponerle cositas para que le den contacto y calor.. vaya si luchó por conseguir dejarlo en la cuna.. yo lo veía esperando a que se rindiese y me lo diese a mí. Y fué cuando me dijo:
- No doy más, necesito dormir. No quiere quedarse aquí, lo intenté por horas. Estoy cansada! Pontelo tú como quieras, ya me da igual. Necesito dormir asi que hacelo dormir como puedas!

Sonriendo para mis adentros acomodé mi almohada ubicandome central en la cama, puse el cojín de lactancia en mi cabeza, rodeandome éste y volcando hacia abajo, poniendo mis brazos a lo largo de sus extremos como si fuese un apoya brazos y a mi bebé recostado en mi pecho boca abajo. Se quedó dormidito, hasta la próxima toma. Tras comer volvió a mis brazos, a dormirse acostado en mi pecho.

Al día siguiente probó otras dos ó tres veces el dejarlo en la cuna.. y cada día intentaba un poco pero sin resultados a su favor, asi que él continuó durmiendo en mi pecho, para pasar a beber del suyo cuando tuviese hambre y acto seguido regresar al mío para nuevamente descansar.

No tenemos ni que levantarnos de la cama siquiera. Probamos a dejarlo dormido boca arriba entre las dos, solemos poner el cojín de lactancia rodeándole hacia abajo por las piernas y subiendo hasta la cintura. Creo es una forma segura de delimitar su sitio, le da tranquilidad a Sara. Pero no dura asi toda la noche, siempre se vuelve intranquilo y es cuando lo pongo sobre mí, boca abajo y pegadito a mi y sólo así duerme de tirón.
Dormimos juntos y felices Toda la noche. Él se levanta dos o tres veces a la toma, cada vez más espaciada. Tras hacer el provechito vuelve a quedarse dormido y todos a descansar, ya sea estando él entre las dos ó encima mío.

El miedo de Sara era que no se creía capaz de despertarse. Ella pensaba tenía sueño profundo y no sabía si le escucharía llorar siquiera, así que descartaba el saber inconscientemente que él estaría ahí al lado, tenía pánico a girarse dormida y aplastarle.

Hoy en día es la mamá más felíz. Tiene confianza en el colecho, disfruta de él y ha desarrollado ese sexto sentido que tenemos las mujeres y que a ella se le despertó tras ser mamá, el bebé se mueve y está alerta, se despierta y se incorpora para alimentarle, está dormida, pero atenta y pendiente de él, al igual que yo. Dormimos profundamente pero a la vez siendo conscientes y bajo la responsabilidad de que nuestro niño está durmiendo a nuestro lado. Estamos los tres unidos y formamos parte de esta hermosa experiencia, de estar en contacto, comprometidas las dos en su cuidado, cariño y mediante el apego seguro.
No hay día en que Sara me diga que no hay cosa que le guste más al acostarse en las noches ó al ser lo primero al despertar que el vernos a los dos a su lado, disfruta del colecho, de tenernos al ladito suyo, y está contenta de que yo haya luchado por conseguirlo. Nos encanta el colecho y disfrutamos mucho de él. Nos ahorra horas de sueño y el levantarnos quién sabe cuántas veces en la noche para controlar esté todo en orden.
La mejor decisión y experiencia, el colecho y la crianza con apego.. esto lo dejo para la próxima entrada al blog.

Y ustedes?? Praticaron colecho? Se animarán a hacerlo??